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​LECCIÓN MAGISTRAL DE JON SISTIAGA EN LA FACULTAD DE COMUNICACIÓN DE SEVILLA. LA IMPORTANCIA DEL MIEDO, DE LA NEUTRALIDAD Y DE LA EMPATÍA EN EL PERIODISMO.

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Todos los años la Facultad de Comunicación de Sevilla inaugura de forma muy especial el acto de apertura. Este año no iba a ser menos. El cuatro de octubre a las 11:30 horas empezó oficialmente el nuevo curso con la lección magistral de Jon Sistiaga, reportero de guerra.


En el escenario del salón de actos figuraban Ana María López Jiménez, vicerrectora de Servicios Sociales y Comunitarios de la US, el secretario de la facultad Manuel Garrido Lora, que hizo un resumen del curso 2017-2018, M.ª del Mar Ramírez Alvarado, decana del centro y, por último, Francisco Sierra Caballero, director del Departamento de Periodismo I. En el desarrollo del evento el intermedio fue para la entrega de los Premios “Ahora toca hablar de cáncer”.


Sierra Caballero precedió al discurso de Jon Sistiaga. Describió la situación actual del sector (un periodismo dominado por la lógica mercantilista) e hizo un breve recorrido de la trayectoria profesional del invitado.


Ruanda, Tailandia, México, Kosovo o Colombia han sido algunos de los destinos de este reportero internacional de prestigio. Ha sido galardonado con el premio Ortega y Gasset (2003), el premio Ondas (2012) y el de Reporteros Sin Fronteras (1999). Además, ha participado como coautor en el libro José Couso: una mirada incómoda escrito a raíz del asesinato de este camarógrafo, compañero de profesión.


Es un rostro conocido en Cuatro, CNN+ y Canal plus en el que actualmente presenta y entrevista dentro de una serie de reportajes periodísticos, Tabú, en la que se tratan temas sociales. Francisco Sierra Caballero anunció que en la próxima entrega Sistiaga se adentrará en el mundo de la violencia de género.


El polifacético reportero de guerra inauguró su lección, después de los agradecimientos, con una pregunta hacia los jóvenes: “¿por qué queréis escucharme?” A través de la misma formuló otras en las que hizo un repaso de sus producciones periodísticas más arriesgadas (su entrevista a los piratas somalíes, su visita a Chernóbil…) con el fin de preguntar si eran estas las razones por las que habían asistido a aquel acto. Tal y como dijo literalmente, “¿porque me he tomado cervezas con el ku klux Klan?”. Ante la reacción de sorpresa causada por este último dato, respondió: “siempre digo que nosotros para hacer un documental tenemos que meternos en las casas de las personas. Yo me metía en las casas de Puigdemont y Rajoy ahora y ver lo que hay en su habitación”.


Dio marcha a su discurso aclarando que no le agrada que le llamen reportero de guerra. “Entré queriendo ser un reportero como literario, romántico (…) no pertenezco a ninguna tribu ni quiero pertenecer a ninguna tribu, no me etiqueto, no me gusta etiquetarme. Volvía de los conflictos y me dedicaba a hacer trabajo en la sección nacional”.


Sistiaga habló del periodismo como una profesión con una base siempre fija, una serie de pautas que siempre se repiten independientemente del área en la que se trabaje: ser curioso, preguntar y tener las habilidades necesarias para contextualizar. Se dirigió a los estudiantes de periodismo como los que desempeñarán una función muy importante en el futuro dada la circunstancia de este oficio en el presente. Hizo hincapié en la necesidad de saber que la carrera profesional que han escogido no es la de ser opinador, es la de ser informador. Asimismo, destacó la importancia de saber contrastar y la habilidad de contextualizar. “Tenéis que decidir si un tuit que os acaba de llegar o una cadenita de esas estúpidas por WhatsApp lo tenéis que retuitear o mandarla porque no sabéis la fuente, no sabéis de donde viene. Para eso estáis preparados vosotros, para eso tenéis que seguir estando preparados”.


Tachó de verdulerismo al llamado periodismo ciudadano y retomó el significado de reportero de guerra para concluir que él no es reportero de guerra por el simple hecho de que las odia. “Odio las guerras porque en las guerras ¿a qué se va? A matar. A las guerras también se va a morir (…). Desde la Primera Guerra Mundial muere la población civil”.


En este tipo de situaciones Sistiaga explica que es fácil que se dé un contagio emocional. De ahí la necesidad de ejercer la neutralidad, una herramienta periodística imprescindible para evitar implicarse en una causa en concreto y, con ello, a las consecuencias que esta conlleva. A raíz de ello explicó qué es la preocupación indiferente, una habilidad excepcional en este tipo de situaciones, a través del siguiente ejemplo: “la preocupación indiferente sería la que tiene cualquier cirujano que está de guardia el sábado por la noche y tiene que decidir en un accidente de coche con cuatro adolescentes quién se salva y quién no.“ A continuación, mostró la foto de un bebé somalí enfermo y expresando el posible deseo de rescatarlo que podría surgir en esa situación, agregó “los periodistas no somos ONG. Los periodistas tenemos que estar en lugares donde contamos lo que ocurre para que luego ciudadanos honestos echen una mano o impulsen a otros cooperantes”.


Según Sistiaga el trabajo del periodista es, literalmente, “correr en la dirección contraria”, es decir, estar siempre presente en el momento de los hechos cuando el resto de personas huyen como sucedería, por ejemplo, en una catástrofe natural. La razón de ello es poder cumplir con su cometido esencial que no es otro que el de dotar de voz a aquel que no la tiene. Definió al periodista como una figura incómoda pues está fuera de control de los grupos o personalidades que tratan de tener dominio sobre la información y que poseen sus propios métodos y gabinetes de prensa


Las emociones fueron las siguientes protagonistas del discurso. Considera fundamental trabajarlas. En palabras del reportero irunés es una labor que no todos los periodistas tienen la capacidad de abordar y una asignatura pendiente en las universidades. “El mirar a una persona, mirarle a los ojos es mucho más importante que llevar un folio con veinticinco preguntas. Ver cómo reacciona, qué es lo que nos está ocultando”. En resumen: detectar estas emociones, saber responder a ellas, extraerlas y modelarlas. Lo que él calificó como invasión emocional.


La más importante de todas es, para Sistiaga, el miedo. Lo es tanto para el propio periodista como para la persona entrevistada. “Ir de machote o de machota es una estupidez”. Con este temor se logra alcanzar la norma elemental del profesional, que no es otra que la de regresar a su hogar a salvo. Por tanto, solo habría que arriesgarse a niveles necesarios y no atravesar esa frontera. El periodista siempre está en peligro desde el momento en el que entra en un país en conflicto.


En estos lugares, según el reportero, la muerte es casi material de trabajo. Enumeró sus experiencias cercanas sobre el fallecimiento de personas, incluido compañeros de profesión. En ocasiones no hay opción y el periodista, en particular, debe grabar una escena en la que está presente la muerte. Como ejemplo expuso una vivencia propia. Fue testigo de una ejecución que no se llevó al término en ese momento por su presencia, por filmar.


“Para mí la muerte tiene rostro”. Añadió tras ello algunas historias de algunos de sus entrevistados (entre ellos asesinos potencialmente peligrosos) como el jeque que enviaba hombres bomba a pizzerías de Gaza, lugares frecuentados por niños con el objetivo de aniquilar a lo que consideraba como futuros soldados. Una táctica preventiva para eliminar a los que probablemente al crecer asesinarían a los suyos. Así hacía una demostración de su creencia: la muerte tiene cara de persona.


Al hilo de la cuestión desveló el requisito para poder realizar una entrevista con éxito a un asesino u otro delincuente similar. Este ingrediente indispensable no es otro que el de la empatía, difícil de ejercer en semejante caso, pero no imposible. La definió como la habilidad de ganar la confianza del entrevistado y de convencerle de que tú eres el medio a través del cual puede transmitir un determinado mensaje. A ello habría que sumar un estudio previo de su personalidad, sus gustos... Para facilitar esta tarea aconsejó pensar en que son personas con parientes (con los que son buenísimas personas tal y como explicó) y sirvió en el plato como motivación el disfrute final de haber logrado toda la información posible, de hacerle ver al mundo cómo es esta persona y lo que ha hecho. Aseguró lo fácil que es conseguir una entrevista con una víctima y lo difícil que resulta cuando se trata del autor de un crimen. Esto se debe a que las víctimas tienden a una mayor disposición a la hora de dar a conocer lo que le ha sucedido.


La contrariedad dada en estos criminales, es decir, ser seres diabólicos fuera de casa y seres queridos ejemplares dentro de ella la atribuyó al denominado efecto Lucifer. Consiste en la posible transformación de una persona buena en un ser malvado (y viceversa) ante una circunstancia concreta. En una situación extrema en la que no hay reglas, en la que no sirve la moralidad ni existen referentes es muy probable que salga el demonio interior que todos tenemos. “La línea entre el bien y el mal es muy fina”.


Lo más difícil en una circunstancia de este tipo (peliaguda) es gestionar al equipo que se dirige. Ello significa una toma de decisiones rápida que puede acarrear muchos efectos. Cualquier pequeño detalle puede salvar tu vida y la de ellos. Recalcó que en esta jugada el miedo debe ser un aliado incondicional para dar buenos frutos. Tras esto desaconsejó obligar a cualquier miembro a realizar una acción que no desee.


Siguiendo la línea de situaciones de riesgo, si en algún momento el periodista ha de encararse con un personaje realmente peligroso expuso la necesidad de recurrir a una herramienta muy valiosa: jugar con la vanidad del delincuente, con su deseo de ser conocido. Otros dos consejos fueron aceptar el golpe cuando llega y ser muy desconfiado, incluso con tus guardaespaldas.


La conferencia teñida de anécdotas y fotografías finalizó para dar paso a la clausura del acto de la mano de Ana María López Jiménez. La despedida fue concluida al son de Gaudeamus Igitur, el himno universitario por excelencia, para completar la acogida de los estudiantes de nuevo ingreso. 

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POTAJESOLIARIO

La cita es el próximo domingo 26 de Noviembre a las dos de la tarde en la Caseta de la Giraldilla. 

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"Hace pocos días, recibí el correo de una persona mayor, donde me detallaba los problemas que tenía para poder tirar la basura al contendedor..."

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016LLAMA
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