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DE TOROS, TOREROS, ANIMALISTAS Y OTROS ANIMALES: LA GUERRA DE LOS TOROS por Ana Varela

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La Periodista Ana Varela, Bilbaína de nacimiento, vive en Madrid y comparte reflexiones con nosotros sobre distintos temas de la actualidad, eso sí con una visión muy personal de la vida.

De su Blog "VARELADAS"

DE TOROS, TOREROS, ANIMALISTAS Y OTROS ANIMALES: LA GUERRA DE LOS TOROS 

por Ana Varela



La muerte del torero Iván Fandiño el 17 de junio en una plaza del sur de Francia ha despertado, una vez más, en las redes sociales, la furia animal entre los que se dicen defensores de los animales. 


Igual que pasó con la cogida de Víctor Barrios en su momento, la muerte, que debe despertar penas, empieza a despertar alegrías. Una sucia alegría, yo que creí que la alegría nunca podía ser sucia.


Sin duda, somos un país de contrastes. En unos pocos años, hemos pasado de llorar la muerte de Paquirri, como si fuéramos una Pantoja más, a insultar a los toreros muertos en la plaza. La fiesta de los toros se ha convertido ya en la guerra de los toros. Las redes arden con mensajes, no ya políticamente incorrectos, sino directamente insultantes, hirientes cada vez que un torero muere en la plaza. Con el dedito ligero y sin darse ni la más mínima oportunidad de pensar antes de escribir, los antitaurinos tachan de asesinos a los toreros. Sin más. El término asesinos en serie ya lo usó Risto Mejide para definir a los toreros en una entrevista al torero El Juli. Ya sabemos cómo es Risto, el locutor/presentador (o lo que sea) acostumbrado a que no le devuelvan sus “sincericidios” de igual forma…al menos, hasta ahora, que está empezando a recibir de su propia medicina en las redes al casarse con una niña de 20 años…


Los toreros ya no salen por la puerta grande. Morir en la plaza se ha convertido en una herencia envenenada para los matadores y sus familias. En las redes, algunos lo viven como una victoria del toro. Pobre victoria, porque de poco o nada le sirve al pobre toro. De matarlo, se encarga otro torero. Por si eso fuera poco, su familia entera, comenzando con su madre, es enviada al matadero.

En pocos años, hemos pasado de ser un país en que el toreo era poco menos que nuestra seña de identidad y considerábamos a los toreros nuestros héroes particulares a tacharles de asesinos y torturadores. Si en algunos temas, llevamos la corrección política al punto que nos la cogemos literalmente con papel de fumar, al ruedo taurino nos hemos lanzado con toda nuestra mala baba a flor de piel. Así es cómo los amantes de los animales, para defender al toro, ponen banderillas y entran a matar o a rematar a los toreros. Los que se duelen del dolor del toro se alegran de la sangre de torero derramada. Curioso.

Se ha puesto de moda la celebración de la muerte de los toreros en las redes. Una triste moda. Dijo un juez ante una demanda en defensa del honor de Paquirri ya muerto que “los muertos no tienen honor, porque no lo necesitan” . Pero sí lo tienen sus familias. Y añadir al dolor de una muerte, el del desprecio y la ofensa de los que se dicen defensores de los animales no parece muy correcto. Y, digo yo, si reprochamos su salvajismo y falta de sensibilidad a los toreros, ¿no estaremos actuando igual? Parece que algunos amantes de los animales han olvidado la persona que hay detrás del torero, por defender al toro.


La cosa empezó con Adrián, un pobre niño enfermo de cáncer. ¿Su crimen?: decía que quería ser torero. Entonces las redes desearon la muerte del chiquillo. Desear la vida al toro, me parece perfecto. Desear la muerte al torero o al pobre niño que aspira a serlo, no tanto.


A quienes no nos gustan los toros, ver cómo se alancea, banderillea y finalmente mata a un pobre animal no nos resulta grato. Que me digan que no vaya a las corridas y comparen el toreo con el fútbol no me basta. Que me hablen de tradiciones, se me queda corto. Las tradiciones no lo justifican todo. Amantes de los animales: recoged firmas en change o en cualquier otra plataforma para acabar con la tauromaquia. Votad a los partidos que defienden a los animales en la esperanza de que el “es tortura, no escultura” se convierta en algo asumido por todos. Puede que lo consigamos, al fin: erradicar la tauromaquia como una rémora del pasado que ya ni querremos recordar. 


Me gustan los animales. Y mucho. Me gustan lo suficiente como para preferirlos a algunas personas Pero también me gustan las personas, mis semejantes. Animales, al fin, aunque sea de 2 piernas.


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01

Como te decía, amigo Sancho, allá a los lejos distingo a la que llaman de buena fe Carmonagincia; atalaya propuesta candidata como ciudad mágica por el Patronato de Magos. Atraído por su reciente fama de azarosa, vamos a acercarnos con precaución

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Promesas

Nosotros no somos capaces de recordar cuanto tiempo lleva el cartel en ese lugar, creemos que está ya mimetizado con el paisaje y simplemente es algo cotidiano a nuestro paso, el objetivo incansable del captacán ha vuelto a dar en el clavo.

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El nuevo robo se perpetró el pasado seis de enero y fue la patrulla de la Policía Local quien descubrió la puerta forzada de la escuela y avisó a su Directora de lo que había ocurrido, al mismo tiempo que puso el hecho en conocimiento de la Guardia Civil quien es la competente en estos casos para iniciar la investigación.

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