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IGNACIO ECHEVERRÍA: CUANDO LA VALENTÍA VA EN MONOPATÍN. Por Ana Varela.

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IGNACIO ECHEVERRÍA: CUANDO LA VALENTÍA VA EN MONOPATÍN. 

Por ana Varela


Nunca lo imaginamos. Hoy día sigue habiendo valientes. Sólo han cambiado se vehículo. Los valientes de hoy no van a caballo. Montan en bicicleta y les gusta ir en monopatín, como a Ignacio Echeverría. Nada extraño que Ignacio se haya ganado ya el sobrenombre de “héroe del monopatín“.


Nuestro refranero dice que los valientes y el buen vino duran poco. Ninguno de nosotros sabe qué haríamos si nos viéramos en una situación como la que Ignacio encontró. Una mujer atacada por unos hombres y nosotros que pasamos al lado y lo vemos. Que fueran los terroristas que acababan de atropellar con una furgoneta a los peatones en el Puente de Londres, es, casi, lo de menos. El caso es que Ignacio se bajó de su bicicleta, como un caballero andante lo hubiera hecho de su caballo. Y usó de particular espada su única arma: el monopatín que llevaba consigo, su inseparable monopatín.


¿Qué haríamos nosotros si viéramos a varios hombres armados atacando a una indefensa mujer?. No se sabe. Quizá saliéramos corriendo. Quizá fingiríamos que no hemos visto nada. Igual que, en el metro o en el tren cuando nos piden limosna. Quizá, como Ignacio, nos enfrentáramos a ellos. En todo caso, hiciéramos lo que hiciéramos, reaccionaríamos revelando nuestra manera particular de ser. Y eso mismo hizo Ignacio. Ignacio Echeverría (Echeve, para los amigos) fue, en ese momento, igual que era siempre. Generoso, muy generoso. Tan generoso que sólo pensó en ayudar. Sin calcular, sin pararse a pensar. No podía hacer otra cosa. Era su naturaleza y a ella obedeció.


Ignacio Echeverría no tenía capa ni superpoderes. El único arma de Ignacio fue su monopatín. Por eso su gesto, su impulsividad, su deseo de ayudar, tiene más valor. Para algunos, su “error” ( entre comillas, entre muchas muchas comillas) fue ser valiente hasta el final, hasta la propia muerte, en tiempos y momentos malos para la valentía. Pero ¿pensar en los demás más que en uno mismo es un error?.


Ignacio podía haber salido corriendo. Y eso hubiera sido humano. Y podía haber mirado para otro lado. Quizá eso es lo que haríamos la mayoría de nosotros en una situación así. Él no. Ignacio nunca miraba para otro lado. No era su naturaleza. Ignacio no sabía callarse, no hubiera podido hacer como que no veía lo que estaba viendo.


Lo que hizo Ignacio no es, seguro, lo habitual. Normalmente huimos de los problemas, no vamos en busca de ellos. Miramos para otro lado. Nos refugiamos en un cómodo “no es asunto mío”. “Yo no sé nada”. “Yo no veo nada”. En realidad, queremos decir “no quieroconvertirlo en asunto mío, no quiero saber, no quiero ver“. Mejor así. Sobre todo, más seguro para sobrevivir.


Pero Ignacio vio y quiso ver. Supo y quiso saber. No miró para otro lado. Su naturaleza era esa. Su impulsividad, su franqueza, su manera de ser, hicieron que reaccionara tal como era. No podía hacer otra cosa. Ayudar. Y eso hizo. Ahora vienen los homenajes, las medallas, las dedicatorias. Y, sobre todo, el orgullo de una familia que sabe que algo muy triste se ha convertido, de una forma extraña, en algo hermoso.


Es verdad. A Ignacio ser valiente le ha salido muy caro. Le ha costado la vida. Pero ha logrado lo más difícil del mundo, lo que todos buscamos, quizá sin saberlo. Que nuestra vida y nuestra muerte tengan sentido, sirvan de algo, sean útiles. Ignacio, sin duda, lo ha conseguido. ¿Puede haber mayor sentido para una vida que haber muerto ayudando a otro ser humano?. Lo dudo.


Hacer lo justo, ser buena persona (tú bien lo sabes) nunca jamás puede ser un error. Descansa en paz, Ignacio.



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01

Como te decía, amigo Sancho, allá a los lejos distingo a la que llaman de buena fe Carmonagincia; atalaya propuesta candidata como ciudad mágica por el Patronato de Magos. Atraído por su reciente fama de azarosa, vamos a acercarnos con precaución

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Promesas

Nosotros no somos capaces de recordar cuanto tiempo lleva el cartel en ese lugar, creemos que está ya mimetizado con el paisaje y simplemente es algo cotidiano a nuestro paso, el objetivo incansable del captacán ha vuelto a dar en el clavo.

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Destrozos en el real

El nuevo robo se perpetró el pasado seis de enero y fue la patrulla de la Policía Local quien descubrió la puerta forzada de la escuela y avisó a su Directora de lo que había ocurrido, al mismo tiempo que puso el hecho en conocimiento de la Guardia Civil quien es la competente en estos casos para iniciar la investigación.

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