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"GUERRERAS Y SUPERVIVIENTES" UNA EXPERIENCIA VITAL. por Pepi Hoyos.

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Relato humano que cuenta su experiencia con el cáncer de mama, relato vital que transmite exactamente las emociones que provoca recibir la noticia, el dolor físico de la curación, la esperanza... siempre la esperanza de la cura, como también el miedo que esta ahí y no se va, el dolor de nuevo.....Pepi nos cuenta, sin callar absolutamente nada, que ha supuesto para ella la lucha con "el bicho" como así le llama. A partir de la lectura de su experiencia con el cáncer seguramente tengamos más conciencia de lo que significa ser guerreras y supervivientes, sepamos valorar más la salud y la vida. 



Una mujer normal con una vida normal. Sus hijos, su marido su casa. Su familia, su trabajo. Sueños e ilusiones, como todo el mundo. Un día te descubres un bulto en el pecho y empieza tu viaje hacia lo desconocido. Pruebas, y ecografías. Punciones en las que tienes que esperar para que te den el resultado... Recibes la llamada de teléfono y te citan en la consulta. diagnóstico: cáncer de mama.


Es en ese momento cuando ves tu vida pasar frente a tus ojos, sentada en esa silla de ese despacho blanco y frío frente al medico que te acaba de dar la noticia.


Lo primero que se te pasa por la cabeza cuando te dan el diagnóstico es que te vas a morir. Luego, sin tiempo a reaccionar, tienes que irte a la consulta del cirujano para que te diga lo que van a hacer contigo. Operación  quimioterapia y radioterapia. Ese mismo día tienes que pasar por distintos mostradores del hospital para las pruebas de anestesia, la resonancia con contraste y las pruebas radioactivas, en las que te hacen un tatuaje en el interior de tu pecho para saber donde esta el tumor y saber donde tienen que cortar, aún no has respirado, no has asumido nada.


Ni siquiera tienes tiempo de desahogarte, no tienes tiempo para llorar.¡Necesitas llorar!


Llegas a tu casa y disimulas frente a tus hijos para que no sospechen nada. te encierras en el baño y en tu soledad, ¡estallas!. ¡No puedes mas!. Las lágrimas resbalan por tu cara y salen a borbotones sin control. ¿Qué hago ahora?. ¿Qué voy a hacer ahora? Escuchas a tus hijos que te preguntan donde estas y que estas haciendo y reaccionas. Te secas las lágrimas, dibujas tu mejor sonrisa y sales fuera. Ahora toca, reconocer la realidad. Tu realidad.


Intentas hacer una vida medianamente normal para que permanezcan ajenos a todo. Quieres ahorrarles el sufrimiento. No quieres que piensen que su madre, puede irse para siempre. Ahora toca otro mal trago, contárselo a tu familia... a tus padres, tus hermanos, tus amigos. ¿Que puedes explicarle si ni siquiera tu sabes lo que va a pasar?.



A partir de ahora los días pasan despacio, muy despacio, es más, se hacen eternos. Lo único que quieres es entrar en el quirófano y que te quiten ese "bicho" antes de que siga creciendo mas. Llega el día de la operación Te despides de tus hijos que van a estar unos días sin ver a su madre. Ellos piensan que van a quitar ese bultito de tu pecho y nada mas.¿Para que tienen que saber más? Ya llegará el tiempo de las explicaciones.

Pepiconsunio


Ingresas en tu habitación, te acuestas en tu cama y esperas que pase la noche. Por la mañana temprano, vienen por ti. Te colocan un marcador para cortar en el sitio justo y quitar todo lo que tienen que quitar.¡Nada puede quedarse atrás, por favor! ¡No os dejéis nada ahí!. Te llevan al quirófano y tu medico te explica cómo va a ser tu operación. Tu confías en el, le coges la mano y le dices "corte todo lo que tenga que cortar". Cuentas 1, 2, 3.....y te quedas dormida, ajena a todo.


Te despiertas somnolienta en la sala de recuperación. Alguien te habla y te dice que todo ha ido bien, después de una operación de casi 4 horas. Lo primero que haces es tocarte el pecho pero no puedes ver si esta todo porque lo tienes vendado. Viene el médico y te explica que te han extirpado el tumor y dos ganglios. ¡Menos mal, solo dos ganglios! ¡Después de todo, has tenido suerte! Esperas que te suban a tu habitación y cuando vas de camino a ella, por el pasillo ves a todos los tuyos esperándote. Ya saben, incluso antes que tú, que todo ha ido bien.



Te recuperas de la anestesia, te ponen tus calmantes por vena y empiezas a beber poco a poco. En 24 horas, si todo va bien, te irás a casa. ¡Por fin en casa! Lo peor ya ha pasado. Ya no tienes ese maldito bicho. Eso es lo primero que piensas. Entraste en el quirófano con cáncer de mama y sales sin él. ¡Qué felicidad! Recibes muchas llamadas y muchas visitas. ¡Qué de gente se preocupa por ti! ¡No estás sola en esto!


Te recuperas de la operación, mirando tu cicatriz cada día. No es tan fea. Puede que incluso puedas volver a ponerte un biquini. Recibes la llamada de tu oncólogo que te cita, a tu primera consulta, un mes después de tu operación. El tiempo suficiente para que todo cicatrice como debe.


Bajas al semisótano 2, la planta de oncología y lo primero que piensas es por qué un sitio tan escondido. Cuando ves esa planta por primera vez, te das cuenta del porqué. Personas más jóvenes, más viejas. Unas sin pelo. Otras, las mujeres, con sus gorros y pelucas. Allí no entra la luz del sol. No entra ni una brisa de aire.¿ por qué un sitio tan feo, oscuro y con luz artificial? No hay ni una sola ventana. No puedes ver el tiempo que hace fuera. No puedes ver nada. ¿quieren apartarnos del resto de la gente para escondernos o protegernos?. Bueno, eso qué más da. Ellos sabrán por qué. Tú estás allí, asustada. Tu oncólogo te explica que la quimioterapia va a ser muy agresiva, porque eres joven y el tumor que tenías era el menos frecuente de los cánceres de mama. El pronóstico es bueno porque se ha detectado a tiempo y no ha habido que extirpar todos los ganglios del brazo. ¡Menos mal porque si no, sí hubiese sido un problema serio! ¡Una buena noticia dentro de tanta desgracia!


Te hacen un montón de análisis y te colocan un catéter en el brazo para tener tus venas bien localizadas. Cinco meses de quimioterapia, con todas sus consecuencias. Entonces sí tienes que hablar con tus hijos y decirles que su madre está bien pero que le van a dar un tratamiento con el que va a perder el pelo. ¡El pelo! Ese pelo que siempre has tratado de cuidar porque era tu signo de identidad. Bueno, ya crecerá.

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En 15 días, comienzan tus ciclos de quimioterapia. Mientras, lavas a diario ese pelo que acabarás perdiendo y lo mimas como nunca. Te lías la toalla a la cabeza y te miras en el espejo para acostumbrarte como será tu nuevo look, así cada día. Tú eres la primera que tiene que verse y acostumbrarse para que todos los que te rodean lo sientan igual. Bueno, después de todo ¡No estoy tan mal! Estoy diferente. Eso te dices a tí misma cada día. Tienes que prepararte para lo que se avecina. Y no va a ser nada fácil.




El primer día de quimioterapia, vas con miedo a lo desconocido y las enfermeras te dicen que no tienes por qué sentirlo y que has de confiar. Confiar en ellos, confiar en tí y que allí no te van a hacer nada malo. Es verdad, te van a dar el tratamiento necesario para que el "bicho" no vuelva a aparecer. Hay que matar cualquier célula que haya podido escaparse por tu sangre y plante la semilla en otro lado. Te sientas en tu sillón azul, te buscan tu catéter y ese líquido blanco primero, naranja después, y blanco otra vez, al fin comienza a circular por tus venas.


Entre 7 y 6 horas cada día, cada 21 días, durante 5 meses. Cinco meses, son muchos meses.


Te ofrecen algo de comer o de beber. ¿Cómo voy a querer comer si las nauseas me están matando?


Llegas a tu casa perdida, borracha. Te molesta hasta el más mínimo susurro y lo único que quieres es acostarte. Pero te sientas en el sofá y hablas con tus hijos, ríes con ellos para que no sepan lo mal que te encuentras. Tu marido te prepara la cena y comes. Sales corriendo al baño a vomitar la primera vez. La primera vez de tantas. Después viene el estreñimiento, la pérdida del olfato y del sabor. El agua te sabe a metal. ¿Qué es lo que te han metido para que todo te sepa a metal? Diarreas durante 6 días, llagas en la boca, en tu zona intima. Nauseas, mareos, bajadas de tensión y desmayos. Dolores y calambres por todo el cuerpo, insomnio. ¡Como te duele la columna! Eso es porque las inyecciones que te pinchas tu misma cada día, están haciendo la función de crear defensas y tu sistema inmunológico funcione como debe. Y esos vómitos que no te dejan. Tu cuerpo entero se intoxica, te da fiebre por las tardes. Ahora es cuando te sientes realmente enferma.


No tienes fuerzas pero tienes que levantarte y seguir. Seguir cocinando, seguir lavando y planchando. Seguir haciendo los deberes con tus hijos. Seguir sonriendo sin ganas. Si tienes tantos efectos secundarios es porque la quimioterapia está haciendo efecto. Sí, eso te dijeron. ¡Pues venga, efectos secundarios, os aguantaré lo mejor que pueda! A los 14 días, comienza a picarte la cabeza, ves como tu pelo se cae a mechones. En 2 horas te quedas calva delante de tus hijos, bromeando incluso, y con plena naturalidad, para que ellos vean que es algo dentro de lo que se considera "normal", dadas tus circunstancias.


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Ya de noche, cuando están durmiendo y en tu soledad, te plantas frente al espejo y te afeitas la cabeza. Le tienes que decir adiós al poco pelo que te queda. Por la mañana, te levantas con tu gorrito y tus hijos te preguntan: ¿mama, que te has puesto? ¿Tanto frío tienes como para dormir con un gorro? Te lo quitas y les enseñas tu cabeza, brillante y como una bombilla. Se van al colegio y cuando te quedas sola, te desahogas y lloras. Llorar te sienta bien, es bueno llorar y desahogarse, aunque sea a solas. Sí, mejor a solas, así no verán todo lo mal que estás.



Días después, cuando ya estás más recuperada, te pones tu turbante de flores, te haces un buen lazo y te maquillas. Te pintas los labios y pones rimel a las pocas pestañas que te quedan. Tienes que estar guapa y salir a la calle. Llega el momento de tener que enfrentarte al resto del mundo tal y como eres ahora. Vas por la calle del brazo de tu amiga a recoger a tus hijos al colegio. ¡Ya era hora, después de 17 días sin salir, del sofá a la cama y de la cama al sofá! Notas cómo todas las miradas van directas al mismo sitio. A ti y tu cabeza. En este momento te encuentras ante 3 tipos de personas. Las que siempre te han querido y se alegran de ve

rte, te besan te abrazan y te animan. ¡Todo ira bien!


Las que nunca te han hablado y ahora se acercan a ti para preguntarte cosas tan indiscretas como desde cuando no tienes pelo. ¿y a ti qué te importa? Te dan ganas de contestar, pero con educación, les dices que desde hace 3 días. Tú no eres como ellas. No te va el morbo. ¡Cómo nos gusta un chisme, una noticia que dar! El tercer tipo de personas es el que más te cuesta reconocer. Los que creías amigos y ahora, te dan la espalda. ¿por qué, si lo que me pasa no se contagia? Bueno, ellos sabrán No puedes obligar a la gente a que te quiera y se preocupe por ti. Además, más valen 3 amigos verdaderos que un montón de amigos hipócritas. Ellos se lo pierden. ¡No todos los días se tiene la oportunidad de conocer a una mujer tan valiente y luchadora como tú!



Cuando más recuperada estas de la quimio, tienes que volver. Así una, dos ,tres, cuatro, cinco, seis.....Cada vez tienes que volver a sufrir los mismos síntomas y efectos que no te dejan vivir, que no te dejan ser como realmente eres. Tu mente te dice: ¡ vamos, tu puedes! Pero no puedes engañarte. Es el cuerpo quien no te responde. Te pones tu peluca por primera vez y notas, cómo alguien detrás de ti, te sopla el flequillo para comprobar que ciertamente, es una peluca lo que llevas, o te dicen que estas muy peinada. ¡Serás idiota! ¡Pues no me viste ayer con un pañuelo!


El morbo, despiertas morbo. ¡Qué pena! No pena de ti, pena de la gente así. Cada 21 días siempre lo mismo. Vas a tu consulta, cuentas a tu médico cómo has pasado estos días. Te dice

que las analíticas son buenas, aunque justitas que esa actitud que tienes tan positiva, es lo que hace que el 50% de tu recuperación sea un hecho. No tenía ni idea de que tu actitud ante esta enfermedad fuera tan im

portante. Pensaba que era la medicación, todo la medicación. ¡Todos los días se aprende algo nuevo! ¡Pues venga actitud, sigue haciendo tu función! ¡Ayúdame a curarme!


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Y vuelves a subir a la primera planta para recibir tu tratamiento. Ves las mismas enfermeras que cuidan de ti y te preguntan cómo estás. Te colocan tu gotero y te enganchan a tu maquinita. Compartes vivencias con tus compañeros. Cómo os ha ido, cuántas te quedan. Cada 21 días, coincides con ellos. Unos acaban antes, otros llegan después. ¡Se hacen buenos amigos allí! ¡Mira, otra cosa positiva que sacar de todo esto!


Y escuchas una y otra vez, ese pi, pi, pi...... que te dice que ese líquido que te hace sentirte tan mal, está haciendo su función: entrar en tu cuerpo y salvarte la vida. Sin darte cuenta, los 5 meses pasan. Ahora viene lo otro, la radioterapia.


21 días seguidos, donde una máquina te da radiaciones en el pecho, la garganta y los pulmones para evitar que el "bicho" se reproduzca. Y de nuevo esos síntomas que ya tenías olvidados, vuelven a aparecer. Estás más cansada que nuca. Ves tu cuerpo completamente redondo, con 11 kilos de más y sigues sin tener ni un pelo, en ninguna parte del cuerpo. ¿Esa eres tú? ¡Pero si no te reconoces! Pues sí, ahora, esa eres tú. ¡Al menos, por un tiempo, no tienes que preocuparte por depilarte! La zona radiada, medio tórax está achicharrada, te pica, pero no puedes rascarte. Mudas la piel una y otra vez. No puede darte el sol. ¡Qué calor! Pleno agosto, todo el mundo de vacaciones y tú viajas diariamente en ambulancia, camino del hospital. Bueno, unas vacaciones diferentes en las que solamente se ha bronceado la mitad de tu cuerpo.


Con los nervios a flor de piel, acudes después de más de 8 meses de intenso tratamiento a recoger los resultados de tus marcadores. Los primeros y los más decisivos. Los que marcaran tu futuro. Te sientas en la silla de la consulta y esperas impaciente que tu oncólogo te diga ¡Estás curada! ¡Marcadores normales! Te levantas de la silla y te lanzas sobre el médico que te ha salvado la vida. Los dos os abrazáis emocionados porque todo ha salido bien. ¡Has vuelto a nacer! ¡Ahora tienes dos padres! ¡Tu padre biológico, que te dio la vida hace 47 años, y tu médico, el que te la ha devuelto después de casi 1 año luchando contra esta enfermedad! ¡Qué buen trabajo habéis hecho ente los dos!


Porque eso es tu oncólogo para ti. Tu padre, ¡tu Angel de la guarda protector en la tierra! Alguien que se vuelve indispensable en tu vida y que durante este año, te ha escuchado, te ha entendido y ha hecho siempre, lo mejor para ti. Alguien a quien llegas a querer de verdad. Sales de la consulta radiante de felicidad y deseando dar la noticia a tus hijos. Tus padres, hermanos, amigos, quieres decírselo a todo el mundo. ¡Lo has superado! ¡Felicidades! Serán las felicitaciones más bonitas y sinceras que recibas en toda tu vida. ¡Felicitaciones porque has sobrevivido al cáncer de mama!




Durante muchos años, tendrás que acudir a las revisiones, enfrentarte a mas pruebas y análisis para saber si todo sigue bien. Si sigues estando sana. Mamografías y ecografías. Resonancias y marcadores. También alguna que otra punción en algún bultito nuevo que aparece por ahí. Cada vez que te enfrentas a una revisión el miedo se apodera de ti, un miedo que no te deja respirar y que durante algunos días, no te deja ser como tu eres. Como eres ahora, porque ya nunca volverás a ser la mujer de antes. La gente te dirá por la calle que estas muy bien y que eres muy fuerte. ¡Claro que soy fuerte, no tengo otra opción!


Tendrás que seguir luchando por ti, por tus hijos, por tu familia. ¡Tendrás que seguir luchando por tu vida!


Después de superar todo esto, te encontrarás sin trabajo. Te encontrarás sin fuerza, cansada ante el más mínimo esfuerzo. Habrás perdido algunos de los signos que antes marcaban tu feminidad: el pelo, las pestañas, la regla....Te habrá dado alguna que otra flebitis por el mal estado de tus venas y habrás perdido incluso las uñas. Pero te sentirás más mujer que nunca. Te habrás convertido en una mujer "guerrera" que se ha enfrentado a la batalla mas dura de su vida. Una batalla que la habrá marcado para siempre, pero una batalla que después de todo, habrá merecido la pena porque te ha enseñado lo que realmente es la vida. ¡La verdadera vida!


Bailandopepi


Disfrutar cada momento, ponerte bajo la lluvia para mojar tu pelo, cuando vuelvas a tenerlo. Antes salías corriendo para no mojarte y no despeinarte. ¡Qué cosas tiene la vida! Ahora disfrutas mojándolo con las gotas de lluvia, despeinándolo con la brisa del viento. Lo que antes te importaba, deja de importarte. Lo que antes no valorabas tanto, ahora sí. Tanto sufrimiento, habrá merecido la pena porque sigues viva. Es lo único que quieres, vivir intensamente cada instante, cada oportunidad, cada nuevo descubrimiento.


Al principio de todo, no pensabas en el futuro, sencillamente, porque no sabías si lo ibas a tener. Ahora entiendes que sí lo tienes. Más largo, más corto, eso no se sabe, nadie lo sabe. Igual mañana, sales a la calle y te atropella un coche o te cae un rayo encima. Pero el "bicho", ese "bicho maldito", no pudo contigo, esa es la verdad. Lo apartaste de tu vida con mucho sufrimiento, con mucho dolor, no solo para ti, sino para los que estuvieron contigo en esos momentos. Esas personas, son las que realmente valen la pena. Las que conocieron tu peor cara y aun así, se quedaron. Las que se fueron, no merecen ni siquiera recordarlas.


¡Por ti, por mi, por todas. Por una hermana, una madre, una amiga!


Todas, cada una de nosotras, somos unas valientes luchadoras y guerreras. Aunque por desgracia, no todas puedan decir que son supervivientes.




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POTAJESOLIARIO

La cita es el próximo domingo 26 de Noviembre a las dos de la tarde en la Caseta de la Giraldilla. 

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2 Comentarios

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Que decir de esta mujer. Eres un ejemplo a seguir. Que suerte haberte conocido y lo que he leido me ha llenado de emoción. Eres unica. Gracias por ser como eres. Un abrazo preciosa.

escrito por charo 02/nov/16    21:51
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Tengo la gran suerte de ser amiga de Pepi o como a mi me gusta llamarla cariñosamente...Pepilla. Doy gracias a Dios por haberme puesto a esta mujer en mi camino porque es la persona mas optimista, cariñosa y buena amiga que he conocido y como no...VALIENTE!!! después de todo lo que ha pasado.Eres un ejemplo Pepilla!! Sigue viviendo y siendo como tu eres, grande y fuerte. Te mereces todo lo bueno que te pase cariño. Te quiero!!

escrito por ARA RODRIGUEZ 01/nov/16    18:09

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"Hace pocos días, recibí el correo de una persona mayor, donde me detallaba los problemas que tenía para poder tirar la basura al contendedor..."

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