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MALAS MADRES VS. BUENAS MADRES

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Hace un tiempo escuché por primera vez, a través de un programa de radio, hablar sobre las “malasmadres”. Como se pueden imaginar, me quedé expectante ya que, esa unión de palabras, despertaron, cuanto menos, mi curiosidad. Parece ser que ese concepto de “malamadre” lo adoptó una mamá como gesto de rebeldía hacía los numerosos y más variopintos comentarios que escuchaba por parte de las “buenasmadres” en los que le indicaban cómo, porqué, y de qué manera debería criar a sus hijos. Según esas “buenasmadres”, todo lo hacía mal. La cosa ya me empezaba a sonar de algo, con lo cual, no me extrañó la cantidad de adeptas que había acumulado en poco tiempo.


Según contaba esta mujer, entre la lista de requisitos que hay que cumplir para ser una “buenamadre”, requisitos que obviamente ella no reunía, se quedaron en mi memoria estos: saber hacer croquetas caseras, coser con mucho amor y cariño el disfraz de tu hijo para el colegio o para cualquier fiesta que se tercie y, cuando vas al parque con los niños, llevar todo tipo de utensilios “por si acaso”: toallitas, crema para los golpes, muda de ropa por si se moja con la fuente del parque, etc…


Me quedé pensativa respondiendo mentalmente a este “cuestionario” para adivinar qué clase de madre era yo. Vayamos por parte. Yo no sé hacer croquetas caseras: reconozco que la cocina no es mi fuerte, pero sí procuro que mis hijos coman sano casi a diario, aunque eso no quita para que, de vez en cuando, comamos en casa comida precocinada, porque tampoco se trata de estar todo el día entre fogones.


Por otro lado, si me dan a escoger entre hacer el disfraz o comprárselo, sin dudarlo elijo gastarme los cuartos en uno baratillo que haga el apaño.


Por último, admito que sí suelo llevar toallitas al parque y la crema para los golpes; lo de la muda, la verdad, nunca se me había ocurrido.


Con dos respuestas negativas, y una medio afirmativa, ¿qué clase de mamá soy?, pensé. Por un momento me vi incluida en el limbo de las madres, porque mi forma de actuar con mis retoños no se inclinaba con claridad hacia ninguno de los “bandos” existentes. Menos mal que mi sentido común me volvió a poner los pies en la tierra para ver las cosas con claridad: yo no he sido madre para competir con otras mamás. La maternidad es otra cosa.


No pretendo ser una madre perfecta, pero sí intento actuar con responsabilidad y cariño hacia mis hijos. Tampoco me gusta que me agobien con “buenos consejos” ni que critiquen cada paso que doy: errar es de humanos y, a veces, es la única forma que tenemos de aprender. Pienso que lo importante es que los actos que hagamos hacia nuestros hijos se hagan por amor y no por competición.


No olvidemos que ser madre no es un camino fácil, por tanto deberíamos de apoyarnos entre todas para hacerlo más llevadero. Intentar competir entre nosotras es absurdo: el resto del mundo ya se encarga de hacerlo todos los días. 



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POTAJESOLIARIO

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Se ha puesto en marcha esta iniciativa en la que los alumnos trabajarán de manera simulada en una empresa ficticia que a excepción de los productos físicos y el dinero en efectivo, desarrolla fielmente tareas fiscales.

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