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El matacán; BLANCO Y NEGRO por Francisco Eslava

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BLANCO Y NEGRO

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O blanca y negra, no hay supremacía de género en el título. Y lo aclaro porque cada vez que veo imágenes de pateras y se habla del pasaje nunca se menciona a mujeres adolescentes. ¿Es que no hay chicas subsaharianas con ansias de llegar a Europa? ¿No se lo permiten las mafias? ¿Qué pasa con ellas? ¿Tienen prohibido incluso el soñar con la libertad y dejar la esclavitud? Son preguntas que algún lector ducho en la materia podría responder. De momento, desde mi punto de observación permanente aquí arriba entre sillares, contemplo la llegada a Carmona de nuevos jóvenes con la piel más negra que la del último carbonero conocido en el lugar, cuyo apellido era Nuevo, según mi Cencerrillapedia; enciclopedia viviente y gratuita. Digo, que llegan nuevos vecinos jóvenes de piel negra. Vecinas también, pero más asentadas, aunque las veamos poco por aquello del hábito conventual en Santa Clara. Sí, jóvenas (inclusivo), negras clarisas, no es broma. A los jóvenes no les veo con pinta de seminario. Más bien de pivotes o centrales en deportes de contacto.


La palabra negro/negra nunca tuvo sentido despectivo en nuestra casa común, más bien de admiración llamativa. El primer chico negro que conocí en directo se llamaba Docampo. Llegó de Guinea Ecuatorial o Española en tiempos coloniales. Su incursión como compañero de clase en San Felipe Neri fue todo un acontecimiento escolar. Y si además te tocaba compartir pupitre durante algunas horas, ya era una pasada. Digo en directo, porque los únicos negros conocidos hasta entonces (negritos se le decía) eran las reproducciones de sus cabezas en huchas de cerámica que nos endosaban el día del Domund para pedir limosna por calles y plazas. Docampo no vino en patera, llegó embarcado con su billete y acogido, o de pago, por la comunidad marianista en régimen de internado. Todo un lujo. Cuando nos mirábamos, era toda una lección de anatomía compartida. Sobre todo, me llamaba la atención, la diferencia de color entre el dorso y la palma de la mano, como si ésta se hubiese desgastado por el uso. También se me quedó grabado el contraste que hacía su tez azabache con el interior de la boca, donde resplandecía la blancura de sus dientes y el rojo de una avispada lengua cuando reíamos a carcajada limpia. En deporte era un privilegiado: un completo atleta del que nadie podía zafarse en el uno contra uno, y corriendo ni te digo.

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Hoy he recordado a Docampo al ver a un grupo de adolescentes de su mismo color de piel pasear por la Puerta de Sevilla y la Sedía. Probablemente han sobrevivido al holocausto del siglo XXI, con nombre tan nuestro como Mediterráneo, aquel que se hizo famoso en tiempos no tan lejanos, cuando cantábamos: Yo, que en la piel tengo el sabor/ amargo del llanto eterno/. Que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul… Todo un mar de muerte al que sacamos partido y riqueza gracias al sol y a su aguas tranquilas, al que esquilmamos hasta la extenuación cuando se trata de especies marinas, pero del que no queremos saber nada cuando la especie es humana, dejándola morir en superficie.


Desde las alturas de lo que fueron almenas de la muralla norte, los nuevos vecinos contemplan el paisaje de la Batida tras las ventanas de la casa palacio del barón de Gracia Real, reconvertida en centro de menores. Y ellas, desde el mirador de Santa Clara. Ni por su imaginación pasa que hace siglos gente de su mismo color y similares convivían por aquellas callejuelas intrincadas del barrio: judíos, mozárabes, cristianos…, blancos, negros, mulatos… Que Carmona era Quarmuna, reino taifa y musulmán, y que los nombres se mezclaban con la mayor naturalidad del mundo: Zorab, Gonzalo, Walli, Hernando, Adxauja, Abu-Zubian, Álvaro… El mundo sigue dando vueltas y tal vez, estos negros/negras que llegan en pateras sean los que salven en un futuro a estos blancos del nuevo reino que no quieren descendencia, o la menor posible para éxtasis de felicidad. Estos blancos que, en parte, repudian al ser humano por el color de la piel pero que ya sienten su aliento tras las sillas de ruedas y junto a la almohada en su eterna soledad. 


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Como te decía, amigo Sancho, allá a los lejos distingo a la que llaman de buena fe Carmonagincia; atalaya propuesta candidata como ciudad mágica por el Patronato de Magos. Atraído por su reciente fama de azarosa, vamos a acercarnos con precaución

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Promesas

Nosotros no somos capaces de recordar cuanto tiempo lleva el cartel en ese lugar, creemos que está ya mimetizado con el paisaje y simplemente es algo cotidiano a nuestro paso, el objetivo incansable del captacán ha vuelto a dar en el clavo.

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Destrozos en el real

El nuevo robo se perpetró el pasado seis de enero y fue la patrulla de la Policía Local quien descubrió la puerta forzada de la escuela y avisó a su Directora de lo que había ocurrido, al mismo tiempo que puso el hecho en conocimiento de la Guardia Civil quien es la competente en estos casos para iniciar la investigación.

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